viernes, 11 de julio de 2008

ALEXITIMIA

La alexitimia se define como la incapacidad para expresar verbalmente las emociones debido a que estas personas no son capaces de identificar lo que sienten, entenderlo o describirlo. Se estima que el 8% de los hombres y el 1,8 % de las mujeres son alexitímicos, así como el 30 % de las personas con problemas psicológicos. Durante la década de los 50 y 60, los psiquiatras Peter E. Sifneos y John C. Nemiah, del Beth Israel Hospital, en Harvard, vieron que una gran cantidad de pacientes con trastornos psicosomáticos tenían muchas dificultades para hablar de sus emociones. Además, adquirían una postura rígida, se centraban en los detalles funcionales y no usaban la fantasía. En 1972, Sifneos acuñó el término alexitimia para designar estas características.

Características de la alexitimia.

1. Dificultad para identificar emociones y sentimientos. Estas personas tiene problemas para diferenciar una emoción de otra. Por ejemplo, no saben con seguridad si lo que sienten es miedo o ira. Esta incapacidad no se da sólo respecto a los propios sentimientos, sino que también tienen dificultades para identificar las emociones en los demás (en sus voces, expresiones faciales, posturas).

2. dificultad para describir emociones y sentimientos. Les resulta imposible describir lo que sienten y describir a otras personas todo lo referente al ámbito subjetivo y de los afectos.

3. Dificultad para diferenciar los sentimientos de las sensaciones corporales que acompañan a la activación emocional. Las emociones suelen ir acompañadas de síntomas fisiológicos, como sudoración, aceleración de ritmo cardiaco, etc. Los alexitímicos atribuyen estas manifestaciones fisiológicas a síntomas vagos o los confunden con la emoción misma. Cuando siente emociones intensas, esta persona describe simplemente un malestar físico de un modo impreciso.

4. Reducida capacidad de fantasía y de pensamiento simbólico. Suelen tener un pensamiento concreto, con problemas para el manejo simbólico de las emociones. Su forma de hablar es monótona, parca y sin matices afectivos. Apenas gesticulan ni introducen cambios en el tono de voz, se sientan de forma rígida y su semblante es inexpresivo.

5. Preocupación por los detalles y acontecimientos externos. En su lenguaje apenas existen referencias abstractas y simbólicas, sino que se limitan a describir detalles concretos, sin un tono afectivo.

6. Utilizan la acción como estrategia de afrontamiento en situaciones de conflicto. El modo de resolver un estado emocional desagradable en estas personas, consiste en la realización de conductas directas. Tienen una orientación de tipo práctico y un escaso contacto con su realidad psíquica.

Identificar la alexitimia.

La persona alexitímica va a presentar una serie de conductas en su vida diaria que pueden dar una pista acerca de la posible existencia de alexitimia:
  1. Tienen problemas para hablar de sus emociones.
  2. Son percibidos por los demás como excesivamente lógicos o poco sentimentales o amistosos.
  3. Se sienten perplejos por las reacciones emocionales de los demás.
  4. Rara vez tienen fantasías.
  5. Su reacción al arte, literatura o música es de muy baja intensidad.
  6. Toman decisiones de acuerdo a datos, sin tener en cuenta los sentimientos.
  7. Padecen ocasionalmente alteraciones fisiológicas a las que no encuentran explicación, como palpitaciones, dolor de estómago.

¿Carecen los alexitímicos de emociones?

Estas personas no carecen de emociones. No obstante, no son conscientes de las expresiones fisiológicas de las emociones o no entienden su significado emocional. Es decir, no saben, por ejemplo, que las palpitaciones que están sintiendo se deben a la ansiedad. Sin embargo, cuando la causa y la naturaleza de la emoción es obvia, pueden tener emociones como cualquier otra persona. Las emociones intensas tienden a tomarlos por sorpresa y pueden tener problemas para limitar su expresión. Así, sus escasas manifestaciones emocionales, tienden a ser explosivas, bruscas e incontroladas.

Alexitimia y trastornos psicosomáticos.

La alexitimia es más frecuente en personas que tienden a desarrollar enfermedad psicosomática, sobre todo en personas con trastornos por somatización. También se ha visto en personas con dolor psicógeno, en trastornos por uso de drogas y en personas con enfermedades crónicas.

Una persona alexitímica responde fisiológicamente a los estímulos emocionales como cualquier otra persona: los músculos se tensan, el corazón se acelera, etc. Al no ser capaz de identificar los sentimientos correspondientes como signos con significado emocional, los interpreta como síntomas físicos de enfermedad. Al hacer esto, no toma las medidas necesarias para afrontar adecuadamente la emoción, de modo que dicha emoción, junto con sus correlatos fisiológicos, continúa. Este estado de activación fisiológica puede llegar a provocar enfermedad física con el tiempo.

Alexitimia y ansiedad crónica.

Los alexitímicos son propensos a padecer ansiedad crónica. Esto es debido, en parte, a sus problemas para identificar las emociones correctamente. Incluso en las personas no alexitímicas, las emociones que no se logran identificar o entender correctamente, se perciben como una ansiedad indiferenciada. Esto es más frecuente en los alexitímicos. Por otra parte, la incapacidad para tomar decisiones rápidas basadas en las emociones, tienden a crear bastante angustia ante las decisiones personales.

La depresión es también común en estas personas. Generalmente suele tratarse de una depresión de tipo somático que la persona no puede explicar o elaborar correctamente.

Alexitimia primaria y secundaria.

La alexitimia secundaria ocurre como reacción a un trauma psicológico intenso. La persona suprime las emociones dolorosas como un mecanismo de defensa contra el trauma. Algunas personas con enfermedades crónicas graves pueden desarrollar alexitimia como un mecanismo de afrontamiento de la enfermedad. Sucede con más frecuencia en personas sometidas a diálisis renal y en unidades de cuidados intensivos. Posiblemente esté relacionada con una negación de la enfermedad para protegerse de emociones demasiado dolorosas. Puede desaparecer cuando la enfermedad mejora, o volverse crónica en aquellas personas en las que la enfermedad continua siendo grave.

La alexitimia primaria sería una disposición personal, que ha acompañado a esta persona toda su vida, como un rasgo de personalidad.

Según Sifneos, la alexitimia primaria tendría una base neurológica diferente de la secundaria. La primaria sería causa de una anormalidad genética, un desarrollo biológico inadecuado o una lesión cerebral, mientras que la secundaria sería el resultado de influencias psicológicas, como condicionamiento sociocultural o defensa ante el trauma.

Dado que esta distinción resulta a veces ambigua, muchos autores prefieren no utilizarla. Esto es debido a que las causas psicológicas y neurológicas pueden estar interconectadas, influyéndose mutuamente. No obstante, puede ser importante establecer una distinción entre una alexitimia en la que las estructuras neurológicas vinculadas con las emociones están dañadas o destruidas, y aquella en la que sólo se da una disfunción (por ejemplo, una inhibición de la actividad neuronal). En el primer caso, no sería posible una recuperación y el tratamiento estaría encaminado a desarrollar estrategias compensatorias, mientras que el segundo caso podría responder a un tratamiento psicológico adecuado.

¿Todas las personas que no expresan sus emociones son alexitímicas?

Algunas personas no expresan sus emociones debido a que son reservadas, tímidas o como consecuencia de la educación recibida, pero eso no significa que no sepan lo que sienten o que no sean capaces de describir sus emociones cuando así lo deseen. El alexitímico, en cambio, no es capaz de expresar sus emociones porque no sabe lo que siente.

Alexitimia y toma de decisiones.

Las emociones son muy importantes a la hora de tomar decisiones con efectividad. Esto es debido a dos factores principales:

1. Las emociones juegan un papel fundamental para determinar nuestras metas en base a lo que nos agrada o desagrada (una persona podría rechazar un puesto de trabajo porque la oscuridad o ruido elevado del lugar le produce una emoción desagradable). Si no somos capaces de reconocer nuestras emociones e interpretarlas, no estaremos utilizando una información muy valiosa. Los alexitímicos basan sus decisiones en razones prácticas, no sentimentales ni hedonistas, de modo que llevan vidas menos gratificantes y placenteras (aceptará el trabajo en el lugar oscuro y ruidoso porque el suelo es bueno, y una vez allí empezará a sufrir los efectos nocivos del ambiente de trabajo).

2. El sistema emocional utiliza un modo diferente de procesar la información que el sistema intelectual. Es más holista y distribuido, se especializa en reacciones rápidas y funciona de un modo automático, basado en el conocimiento adquirido en experiencias previas. En cambio, el intelecto progresa paso a paso, según una secuencia lógica, pero requiere mucho más tiempo para procesar la información y puede dejar de lado información importante. Ambos métodos tienen sus ventajas y sus desventajas y la mayoría de las personas utiliza los dos en la toma de decisiones o utiliza el que considera más adecuado en cada momento. Los alexitímicos utilizan sólo el sistema intelectual, no son intuitivos y se ven fácilmente abrumados por tareas prácticas o razonamientos interminables. Por ejemplo, si quieres comprar un coche y no eres capaz de decidirte al analizar las prestaciones de diversos modelos, es posible que optes por el que te produzca una sensación más agradable, mientras que el alexitímico no hará esto y seguirá teniendo problemas para tomar una decisión.

Los alexitímicos suelen ser muy indecisos cuando han de tomar decisiones respecto a preferencias personales. Al no ser capaces de decidir en función de la emoción que algo le inspira, pueden tender a buscar la opinión de los demás y decidir en base a eso.

martes, 8 de julio de 2008

La Separación De Los Padres

Sabemos que lo mejor es que los papás estén juntos, en familia. Sin embargo, hay que aceptar la realidad que muchas veces no lo están. Pese a que las estadísticas del INE (Instituto Nacional de Estadística) señalan que el 15% de los matrimonios se anulan, no se conocen cifras exactas puesto que hay muchas separaciones, de hecho, sin nulidad. En Chile las cifras están alcanzando a las de Estados Unidos, donde la mitad de los matrimonios o convivencias se separan antes que los hijos cumplan 18 años.

El matrimonio o el amor no terminan con la separación. Cuando hay hijos, el vínculo permanece y la obligación de los progenitores se incrementa. El espíritu de la ley juega un rol importante en estos casos para asegurarle al menor su derecho a ser mantenido. Y este derecho, denominado alimentos, implica todo lo necesario para la subsistencia del menor: vestuario, educación, recreación, salud y vivienda, entre otros.

Con la separación se superan algunos problemas, pero comienzan otros.

Las separaciones de los cónyuges pueden constituir una solución para un matrimonio con graves problemas, a juicio de ellos, sin solución. Sin embargo, para los que no saben, e proceso del divorcio es largo y profundamente doloroso. Si bien es cierto, cuando existe una separación, algunos de los problemas, como la violencia intrafamiliar, pueden disminuir notablemente y resultar, en algunas ocasiones, benéfico para los integrantes de la familia, pero con el tiempo, nuevos conflictos pueden ir apareciendo.

Es importante saber que el divorcio no es un hecho aislado, sino un proceso que desintegra la unidad familiar, especialmente la de los niños, la estabilidad emocional y, muchas veces, económica. Es recomendable tener presente que durante este período habrán numerosos cambios y ajustes en la vida de los menores.

Para cada edad, hay una reacción.

Las reacciones de los hijos ante este problema varían mucho de acuerdo a su edad, temperamento y a la habilidad de los padres para satisfacer sus necesidades dando prioridad a los sentimientos de sus hijos; los efectos negativos del proceso son más dramáticos durante los primeros dos años. Pocos niños sienten alivio ante el divorcio, aunque el matrimonio haya sido turbulento, ya que lo perciben como la pérdida de la estructura que les proporciona estabilidad y soporte. Muy raramente un niño escogerá el divorcio como la solución a los problemas de sus padres.

Los niños menores de tres años pueden reflejar la angustia, tristeza y preocupación de los padres. Frecuentemente se muestran irritados, llorosos, miedosos, agresivos y pueden manifestar problemas de sueño y gastrointestinales así como una regresión en su desarrollo.

Entre los 4 y los 5 años de edad, a menudo los pequeños se culpan por la infelicidad de los padres, temen ser abandonados y presentan pesadillas y fantasías.

Los niños en edad escolar pueden estar tristes y preocupados, mostrarse agresivos y temperamentales, con frecuencia se sienten atrapados en conflictos de lealtad sintiéndose decepcionados y rechazados por el padre que los abandonó. Como consecuencia de esto, su desempeño escolar se ve muy disminuida.

Para ayudar al niño debiera existir una estrecha comunicación entre padres y profesores, especialmente el primer año post separación. De esta forma pueden compararse los cambios emocionales que ocurren tanto en la casa como en el colegio y ver qué se puede hacer al respecto,.

Los adolescentes experimentan una baja en su autoestima y pueden desarrollar una autonomía emocional prematura, es decir, comportamientos sexuales inapropiados, abuso de sustancias como drogas, tabaco o alcohol, depresión e incluso comportamientos delictivos.

A cualquier edad y con frecuencia, los hijos pueden presentar síntomas sicosomáticos como una respuesta a la cólera, a la sensación de pérdida y abandono y a otros estresantes.

La unión de los padres no es lo único que se pierde…

Además de la pérdida del contacto diario con sus padres, el niño enfrentará otro tipo de problemas fuera de casa; muchas de sus actividades se verán complicadas por el horario de visitas, falta de dinero o, simplemente, porque los padres no llegan a un acuerdo.

Iniciando una nueva vida.

Si alguno de los padres se vuelve a casar, es importante que el nuevo cónyuge colabore en la educación y el niño debe aprender a respetarlo. Por otra parte, si el padre biológico es posesivo y no permite que su nueva pareja se involucre con su hijo, éste se convertirá en causa de fricciones en el nuevo matrimonio.

Hay varias medidas que se pueden tomar para ayudar a sus hijos a sobrellevar la traumática experiencia del divorcio de los padres. La más importante es explicarle la situación antes que uno de los padres se vaya de la casa, de preferencia hacerlo con ambos padres y todos los hijos presentes.

Lo importante son los hijos.

Tome en cuenta, además, las siguientes recomendaciones:

- Asegúrele con mucha frecuencia que ambos padres lo quieren. Explíquele que, aunque ustedes están descontentos el uno con el otro, a su hijo lo quieren mucho. Ambos padres deberán pasar mucho tiempo con él, acariciarlo y mimarlo; sin embargo, no se deben iniciar malos hábitos, como permitirle que duerma con Usted.

- Mantenga la rutina diaria de su hijo lo más normal posible. Entre menos cambios tenga que enfrentar, el niño llevará mejor la crisis del divorcio. Trate de mantenerlo en la misma casa o en el mismo vecindario, si esto es imposible, por lo menos manténgalo en la misma escuela. Inspírele seguridad, y hágale saber que aunque su nivel de vida disminuirá un poco, usted continuará satisfaciendo sus necesidades básicas.

- Dígale que será visitado por el padre que no vive con él y que éste lo quiere mucho. Los niños necesitan ambos padres, el divorcio les causa confusión y se pueden sentir abandonados. Programe las visitas de acuerdo a un plan definido y fijo; es más recomendable una visita larga, de un día completo cada semana o quince días, que varias cortas y apresuradas. Si tiene varios hijos deberá pasar el mismo tiempo con cada uno de ellos. El padre visitante deberá cumplir sus promesas y recordar las fechas importantes como los cumpleaños, por ejemplo. Ambos padres deben esforzarse para hacer que las visitas sean agradables. Permita que su hijo le cuente lo bien que la pasó con su ex cónyuge. Insista en que lo llame por teléfono frecuentemente.

- Si el padre que no tiene la custodia deja de colaborar, encuentre sustitutos. Pídale a un pariente o amigo que pase tiempo con su hijo y explíquele al niño que su padre no puede visitarlo por ahora porque tiene problemas.

- Ayude a su hijo a expresar sus sentimientos dolorosos. Nunca lo cargue con sus propios problemas y evite expresarse mal de su padre en su presencia. Responda con honestidad a sus preguntas. Si la ira se convierte en una conducta destructiva, deberá imponer límites.

- Hágale entender que él no tiene la culpa del divorcio ya que la mayoria de menores tienden generar sentimientos de culpa.

- Explíquele claramente que el divorcio es definitivo. Esto ayudará a que se adapte mejor y acepte la realidad del divorcio.

- Proteja las opiniones positivas que el niño tenga de ambos padres. Trate de mencionar los puntos buenos del padre ausente. Desahogue sus propios sentimientos negativos con otro adulto, no con sus hijos.

- Mantenga la disciplina normal en ambas casas. Si un padre se comporta demasiado indulgente, el otro tendrá problemas en lograr que el hijo se porte bien. La competencia excesiva por el amor de un niño mediante privilegios o regalos, producirá un niño mimado. Las reglas básicas generales acerca de la disciplina deberán ser establecidas por el padre que tenga la custodia del niño.

- No discuta con su ex cónyuge en presencia de su hijo; además, trate de evitar las disputas por la custodia. El niño necesita seguridad y estabilidad. De ser posible, evite separar a los hermanos.

- Consiga información, tanto para usted como para su hijo. Hay innumerables libros que los ayudarán a explicar y superar esta situación.

¿Y el apoyo de los especialistas?

Busque asesoría si su hijo presenta problemas como:

- Anomalías en la alimentación o el sueño por más de dos semanas.
- Presenta depresión.
- Su hijo se niega a recibir la visita del padre que no tiene la custodia.
- Usted considera que el otro padre está perjudicando a su hijo.