La rivalidad se ha
transformado en un grave punto de conflicto para la relación en pareja. Este
punto de discrepancia es producto de la participación activa de la mujer en la
sociedad.
La nueva perspectiva que la mujer tiene sobre su rol en la sociedad y la
apertura de nuevos espacios en la vida laboral o profesional, han dado como
resultado una lucha por el dominio dentro de la pareja.
El hombre en la casa esperando
que llegue la esposa del trabajo, es una imagen cada vez más frecuente en los
hogares. Según expertos, éste puede ser el peldaño en la reñida pelea por
controlar las riendas de la vida en pareja.
Por otro lado, hoy la
estabilidad de las parejas debe enfrentar una serie de dificultades para
mantenerse. La sociedad consumista, el individualismo, la competencia desmedida
y las extensas jornadas de trabajo, son sólo algunos de los factores que
inciden en este proceso.
Según los terapeutas familiares, en la actualidad las parejas viven una realidad distinta a la de hace algunas décadas. Desde que la mujer se incorporó a la vida laboral, ya no está dispuesta a aceptar las reglas impuestas para conveniencia del hombre.
Según los terapeutas familiares, en la actualidad las parejas viven una realidad distinta a la de hace algunas décadas. Desde que la mujer se incorporó a la vida laboral, ya no está dispuesta a aceptar las reglas impuestas para conveniencia del hombre.
Aunque en los varones hay una nueva actitud ante la mujer, muchas personas aún no dejan atrás el machismo, lo que provoca un fuerte punto de conflicto al momento de tomar las decisiones en pareja.
Además cada vez el hombre
tolera menos el hecho de que su esposa tenga posiciones de responsabilidad o
gane más dinero que él.
En muchas parejas surge un
sentimiento de envidia y de competencia desmedida, que llega a afectar la
relación. La incapacidad de tener una relación cercana y pensar en conjunto más
que en sí mismos, hace que muchas personas comiencen a envidiar y sentirse
perjudicados por los atributos del otro, su trabajo, lo que hace y lo que
tiene.
Junto a los sentimientos de
envidia, esta rivalidad en la pareja se traduce en tratar de imponer una cabeza
de hogar que tome las decisiones y que en alguna medida cambie la manera de
pensar del otro y sus costumbres.
¿Importan los
sentimientos?
Otros factores que afectan la
vida marital son el individualismo (que impide a la persona plantearse más allá
de él mismo y pensar en conjunto) y el sentimiento de posesión excesiva.
También afectan al matrimonio
los métodos de crianza y la experiencia matrimonial de los padres de cada uno,
así como la vida cotidiana y la intimidad.
Además, tanto la familia de
origen, como su influencia en la vida de la pareja, son puntos que pueden
llegar a ser conflictivos.
Por eso es importante
establecer límites y determinar cuáles serán los grados de distanciamiento que
se tendrá con los padres de cada uno.
Para meditar
Según los especialistas en el
tema, uno de los factores que más influye en lograr un buen matrimonio es el
momento de elegir. Si bien no existen recetas infalibles, psicólogos,
terapeutas y psiquiatras concuerdan en que es fundamental hacer una elección
adecuada de pareja.
El ideal es casarse por amor y no por razones externas, como belleza física o situación económica. Se debe tomar una decisión madura, ponderada con un elemento de racionalidad.
Las personas más jóvenes y sin
experiencia tienen más posibilidades de equivocarse. Cuando se presentan
situaciones conflictivas en la vida matrimonial, es importante saber enfrentarlas.
Hay que tener claro que las
emociones negativas existen, por lo que no se deben negar. También hay que
aprender a manejar los desacuerdos y saber cómo abordarlos.
Es fundamental aceptar que en
una relación se tiene contacto con otra persona a la que se debe conocer, por
lo que existe un largo proceso de ensamblaje y adaptación mutua, donde las
cosas se dan mejor en la medida que cada uno reconoce del otro sus virtudes y
sus problemas.
Convivir en pareja
Para hacer más fácil esta
tarea es recomendable que las parejas realicen actividades juntas, pero a la
vez aprendan a respetar los gustos y la individualidad del otro.
Las parejas felices también
discuten, se enfadan, ponen sobre la mesa sus diferencias y se reconcilian. El
secreto radica en reconocer las señales de peligro que indican distanciamiento
o resentimiento y rectificar a tiempo.
Lo que puede llevar a pique la
convivencia en pareja no son las peleas, sino la forma de afrontarlas, la
manera en que los enamorados resuelven sus conflictos.
Un reproche desatendido puede
llevar al resentimiento y a la incomunicación total. Por el contrario una
crítica que es escuchada y atendida conduce a un mayor entendimiento, a una
modificación de conducta que signifique crecimiento personal y la mejora de la
convivencia.
10 consejos para
superar las peleas
Si te preocupas al ver más a
menudo las desavenencias, te conviene tener en cuenta las siguientes
recomendaciones para aprender a superarlas, a la vez que se fortalecen los
lazos de unión:
1.
Cuando tu pareja
se expresa con enfado, haz un esfuerzo especial por escuchar con atención, como
si luego tuvieras que presentar un examen sobre lo que te dijo.
2.
Repite ante tu
pareja lo que has escuchado, pero empezando con la frase: ¿lo que tratas de
decirme es que...? A veces, los malentendidos se acumulan uno sobre otro y las
discusiones terminan en temas alejados del problema que las ocasionó. Esto trae
como consecuencia ira e incomprensión.
3.
Usa frases
expresadas en primera persona en lugar de acusaciones en segunda persona. No
digas: ¡Tú nunca lavas el carro!, sino: ¡Me siento mal porque ambos usamos el
auto y sólo yo me ocupo de limpiarlo!
4.
Haz un esfuerzo
consciente por entender los sentimientos de tu pareja y díselo con palabras,
aunque su reacción te parezca desproporcionada. No empieces por juzgar sus
sentimientos, primero compréndelos. Es la mejor manera de que tu pareja no se ponga
automáticamente a la defensiva.
5.
Ante discusiones
acaloradas permítanse unos minutos de pausa para calmarse, antes de proseguir
debatiendo sus diferencias.
6.
Al afrontar el
enfado no olviden mostrar su buena voluntad y añadir abundantes dosis de buen
humor. Recuerden que están discutiendo porque les importa su relación, se
quieren y desean mejorar su vida en común.
7.
Piensa siempre que
el reproche de tu pareja, además de su significado objetivo puede querer decir
que necesita tu atención, más afecto o valoración. Haz un esfuerzo por dar un
paso más allá de las palabras y los conceptos expresados en la discusión e
intenta hablar también sobre eso con tu pareja, para comprobar cuáles son los
motivos reales del enfado.
8.
Traten de
compensar las críticas que se hacen mutuamente, por otros momentos en los que
se recuerdan el uno al otro sus mejores cualidades.
9.
No permitas que
por evitar el conflicto y defenderte de la ansiedad que produce un enfado, las
diferencias con tu pareja queden ocultas y provoquen desprecio o rabia.
10. Estar
comprometidos y amarse profundamente no es garantía de éxito en la convivencia.
Es necesaria una actitud positiva y activa frente a los conflictos de pareja.
La buena voluntad para asumir la responsabilidad de mejorar su vida juntos, al
superar las crisis, es un buen paso para conseguirlo.
Más consejos
1.
Trata de tener
cuidado al hablar. Es mejor que digas algunos o algunas y no generalices.
Es importante discutir, para que los dos lleguen a comprenderse.
Es importante discutir, para que los dos lleguen a comprenderse.
2.
Primero respiren,
cuenten de 1 a 10, piensen y después hablen.
3.
Hazte responsable
de tus sentimientos: Sentí que me hablaste de una forma grosera... A mí me
molesta, o yo siento... .
4.
Referirse a las
acciones erróneas y no a la persona.
5.
Ser respetuosos y
pensar bien qué se van a decir.
6.
Solucionar el
problema de un evento específico a la vez. Para ello, es necesario ser claros y
precisos en la situación.
7.
No tratar de
arreglar todo lo que les molesta en una sola discusión.
FINALMENTE
Es
habitual que nos preocupe mucho más el cómo evitar una discusión, que cultivar
el arte de conversar con nuestra pareja. Y cuando surgen los problemas
de pareja, es también normal que olvidemos cómo lograr una verdadera
conexión a través del diálogo, porque sentimos que nada de lo que podamos decir
va a mejorar la situación. En ese momento, cualquier tipo de acuerdo se ve
bastante lejano.
¿Por
qué olvidamos algo que parece tan sencillo y que a la vez podría darnos la
llave para una unión sólida en nuestro matrimonio o relación de pareja?
Quisiera compartir contigo en este artículo, algunas técnicas y reflexiones
para que agregues una herramienta muy valiosa que logre mejorar “al triple” la
conexión que tienes con tu pareja. Usé la expresión “al triple”, como una forma
de expresar una mejora importante en algo que no puede cuantificarse en
números, pero que si puedes cualificar en términos de bienestar
emocional en tu relación. Cuando comienzo este artículo, hablo de que muchas
parejas, cuando atraviesan una crisis solo se centran en cómo evitar las
discusiones, pero no en cómo mejorar su diálogo, es decir, no logran entablar
conversaciones enriquecedoras, de calidad.
En
definitiva, ¿Qué es conversar? Comúnmente se define una conversación como
un diálogo entre dos o más personas. Se establece una comunicación a
través del lenguaje hablado y está condicionado por el contexto. Podemos añadir
aquí, para que nuestra definición resulte más útil, que conversar no significa
simplemente hablar “de algo”. Deberíamos agregar entonces que para lograr una
conversación enriquecedora tenemos que tener un diálogo comprensivo,
donde prestamos nuestra plena atención al otro.
Con
esto en mente, tenemos que considerar que si una pareja no conversa, no quiere
decir necesariamente que no se hablan, sino que no tienen un diálogo donde se
comprendan mutuamente.
Para
conseguir una conversación enriquecedora y de calidad con nuestro esposo o
esposa, convendría que entendiéramos primero esto: ¡La gran mayoría de las
personas solo están interesadas en sus propios problemas! Piensa que la mayor
parte del tiempo estamos pendientes de nuestro propio sufrimiento, nuestras
propias frustraciones, nuestras propias alegría y logros. Pocas veces nos
detenemos a pensar en lo que quiere o necesita el otro. Es por eso que no
resulta demasiado sorprendente notar que muchas parejas no logran establecer
momentos valiosos, donde una conversación sincera los acerque a un nivel más
profundo.
Te
propongo a que uses La Conversación como una herramienta para fortalecer tu
relación y la conviertas en un medio para dar amor. Cuando
conversamos y entregamos nuestra total atención estamos dando nuestro tiempo,
que es lo más valioso que tenemos y nuestro principal activo. El tiempo no se
puede guardar, no se puede ahorrar. El tiempo se puede invertir, y si
decides invertir tu tiempo escuchando a tu pareja, estas dando de tu propia vida.
Por esta razón tenemos que enfocarnos 100% en nuestra pareja y no conversar
mientras hacemos actividades como, por ejemplo, ver televisión.
Cuando
prestamos total atención en el otro mientras hacemos algo juntos, estamos
creando lazos potentes que permitirán que una crisis de pareja pueda ser
superada con éxito. Imagina que comparten un paseo por algún lugar que este
rodeado de vegetación, un lugar muy agradable. Este es un momento ideal para
compartir y conversar, pero fíjate que cuando prestas genuino interés
entonces recibirás de vuelta lo mismo: el amor e interés de tu pareja.
Por
eso tienes que tener en cuenta que nunca es tan importante
el qué hacemos juntos, sino el cómo. La actividad que realizamos
entonces, se convierte en el vehículo por el que se manifiesta nuestro amor e
interés.
Un
sabio de la antigua Grecia, Cleóbulo de Lindos, dijo: “Hablad poco y
escuchad mucho”. Esa es precisamente la clave. Cuando no tenemos una conversación
de calidad sólo nos preocupamos de lo que queremos que decir, “de
nuestros problemas”. En cambio, una conversación de alta calidad, que puede
enriquecer nuestra relación, tiene puesta su prioridad en lo que oímos.

